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Krugman alaba involuntariamente a los conservadores del libre mercado

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Tags Bienestar CorporativoLibre MercadoOtras Escuelas de Pensamiento

En un artículo reciente, el columnista del New York Times, Paul Krugman, se declara espantado ante el borrador de memorando de una propuesta de la administración Trump de subvencionar centrales nucleares y de carbón, debido a su mayor resistencia frente a desastres humanos o naturales. Como alguien que apoya la prohibición real del gobierno de nuevas plantas de carbón, Krugman evidentemente se opone al plan. Pero no puede decir eso: en su lugar, Krugman tiene que argumentar que la propuesta revela lo hipócritas que han sido siempre los conservadores de libre mercado. Pero paradójicamente, el enlace de Krugman demuestra que fueron los propios candidatos de Trump los que bloquearon la propuesta anterior de secretario de energía Perry y pueden hacerlo de nuevo. Y como demuestran los artículos anteriores del propio Krugman, son él y sus aliados progresistas con los que olvidan sus propios principios oficiales cuando les resulta conveniente.

Krugman ataca los conservadores

Para apreciar la paradoja y la hipocresía del artículo de Krugman, primero tenemos que dar una muestra de su estilo y tono. La siguiente cita muestra lo esencial de su artículo reciente:

A lo largo de aproximadamente 40 años, los conservadores han sido cada vez más ruidosos de sus ataques contra la protección medioambiental. Han cuestionado la ciencia; han insistido en que cualquier intento por limitar las emisiones dañaría enormemente crecimiento económico; han denunciado la intervención pública y declarado de la sacralidad de los mercados libres (…)

Y ahora toda esa palabrería acerca de los mercados libres se revela como la mentira que siempre ha sido. (…)

La energía procedente del carbón dejó de ser económica. En lugar de construir nuevas plantas, estamos desmantelando las viejas.

En parte, esto fue el resultado de un gas natural barato, gracias al fracking. Sin embargo, cada vez más estamos viendo los efectos de la revolución tecnológica en las energías renovables (…)

¿Estaba la administración Trump aceptando entonces este veredicto del mercado? Por supuesto vano: como pasa con el comercio, está abusando de sus poderes concebidos para defender la seguridad nacional con respecto a políticas destructivas que no tienen nada que ver con la seguridad. En este caso, está planeando obligar a la energía limpia a subvencionar la energía sucia. (…)

En todo caso, es otra demostración más de la persistente mala fe del movimiento conservador. Nada de lo que dijeron acerca de sus razones para oponerse a la política climática era sincero y ahora están completamente dispuestos a renunciar a todos sus supuestos principios para mantener ardiendo los juegos del carbón. [Krugman, negritas añadidas]

Y aquí lo tenéis: Los conservadores hablan mucho acerca de los mercados libres cuando se oponen a las subvenciones federales a las renovables, pero (dice Krugman) toda esa fe en el laissez faire sale por la puerta en lo que se refiere a subvencionar el carbón.

El propio enlace de Krugman contradice todo su alegato.

Solo hay un pequeño e incómodo hecho en la explicación de Krugman de la perfidia conservadora. (Por cierto, para evitar confusiones: personalmente, soy un libertario, pero estoy defendiendo el honor del conservadurismo de libre mercado frente al desmañado y cruel ataque de Krugman). En la cita anterior, podéis ver que he incluido un híperenlace con la frase “obligar a la energía limpia a subvencionar la energía sucia”, de manera que sus lectores cuál era el contexto de la noticia para su diatriba.

Bueno, mirad lo que pasa si aceptáis el farol de Krugman y hacéis clic en el enlace.

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Fijaos, una cosa sería que encontrara, por ejemplo, a algún investigador del Cato (o del Institute for Energy Research, en este sentido) que escribiera un tranquilo post criticando todas las subvenciones federales a los productores de energía. Krugman podría ser capaz de responder que una protesta tan débil no tiene ninguna influencia y que los dueños reales del poder no se preocupan por los principios del libre mercado.

Pero no estamos hablando de eso aquí. Este mismo año, la Federal Energy Regulatory Commission (FERC), llena de personas nombradas por la administración Trump, rechazaba la propuesta anterior del secretario Perry de apoyar plantas nucleares y de carbón, porque iba en contra de su filosofía del mercado y pensaban que hacer eso estaba fuera de su alcance. Y ahora el mismo artículo que Kruman cita a su favor nos dice que estas mismas personas nombradas por Trump podrían interponerse en su último plan.

Por favor, no me entendáis mal: No estoy afirmando que todos los autoproclamados conservadores sean paradigmas de la coherencia filosófica. (Por ejemplo, en el IER hemos criticado el Patrón de Combustible Renovable implantado durante la presidencia del petrolero de Texas, el republicano George W. Bush). Lo que estoy señalando es que Krugman cita una noticia como “evidencia” para su afirmación que, si a hace algo, es demostrar exactamente lo opuesto a su tesis.

Después de todo, nadie ha pensado nunca que el ecléctico Donald Trump mismo sea un discípulo dogmático de Milton Friedman. Durante la campaña presidencial, Krugman sí escribió un artículo titulado “Trump tiene razón en economía” (!) y aplaudió al populista multimillonario por estar dispuesto a desviarse de la ortodoxia económica conservadora. Así que, en este sentido, Krugman se ha arrinconado a sí mismo.

Krugman y los demócratas son los que no tienen principios

Para hacer la situación todavía más paradójica, puedo usar artículos anteriores del propio Krugman para demostrar que sus acusaciones contra los conservadores son mucho más aplicables a él y al Partido Demócrata en general. Por ejemplo, al reseñar el libro de William Nordhaus que defendía que un impuesto al carbono era capaz de lograr reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero de la manera más eficiente, Krugman escribía que “sería muy difícil crear normas” para atacar correctamente las emisiones en los diversos márgenes y continuaba admitiendo: “Así que poner precio al carbono, dice Nordhaus, es la manera de proceder. Y yo, por supuesto, estoy de acuerdo: probablemente me quitaran mi carnet de economista si no lo hiciera” (negritas añadidas).

El lector inocente podría haber pensado que la admisión anterior (que Kruman admite que es algo tan elemental que su estatus como economista profesional depende de ello) significaría que Krugman se opondría a controles federales desde arriba sobre el sector de la energía para elegir ganadores y perdedores concretos. Pero no, por supuesto que no. En su reseña, Krugman continúa:

A pesar de todo, el mensaje que recibo del libro [de Nordhaus] es que la acción directa para regular las emisiones de la generación eléctrica sería un sustitutivo sorprendentemente bueno de poner precio de carbono, no tan bueno, pero no malo.

Y esta conclusión se convierte en especialmente interesante dada la actual situación legal y política en Estados Unidos, donde nada similar a un plan de precios del carbono tiene ninguna posibilidad de ser aprobado por el Congreso, al menos hasta que los demócratas recuperen el control de ambas cámaras, mientras que la Agencia de Protección Medioambiental ha reclamado su derecho y deber de regular las emisiones de las centrales de energía y ya ha presentado normas que probablemente impidan la construcción de nuevas centrales de carbón. Apropiarse de las centrales existentes va a ser mucho más duro y más polémico, pero por el momento parece una vía más viable que poner precios al carbono. [Krugman, negritas añadidas]

Así que parece que, si alguien en el debate sobre la política del cambio climático no respeta lo que su propia formación económica le enseña, este es Paul Krugman, no los conservadores del libre mercado.

Otro ejemplo, considerad esto: Krugman ha escrito repetidamente que el destino de la propia tierra está en juego debido a la amenaza de las emisiones de gases de efecto invernadero; una vez escribió que la propia personalidad de Trump podría destrozar el planeta. Por tanto, podríais pensar qué diría Krugman de esta última propuesta: “Me pongo con firmeza a subvencionar las centrales de carbón, pero apoyo completamente subvencionar la energía nuclear sin emisiones, ya que es la única manera plausible de poder salvar a nuestros nietos”.

Y aun así, el inocente lector del último artículo de Krugman ni siquiera sabría que la propuesta de Trump incluye la energía nuclear: Krugman solo habla del carbón y la “energía sucia”. Bueno, esto casi te hace pensar que Kruman en realidad no se lo cree cuando advierte que el planeta está en peligro y que su retórica apocalíptica es solo una táctica para asustar y conseguir que se vote por Hillary.

Republicanos frente a demócratas

¿Pero qué pasa con el Partido Demócrata en general? Sin duda ellos tienen más principios, con una visión coherente del mundo que exprese la política ideal de una manera consistente. Bueno, no, no según Paul Krugman, que escribía en mayo de 2017:

El partido demócrata es una coalición de grupos de interés, con algunas visiones compartidas, pero también con un montón de conflictos y los políticos consiguen el éxito logrando compromisos y encontrando soluciones aceptables.

Por el contrario, el Partido Republicano es una rama de una estructura monolítica, un movimiento conservador con una ideología rígida: recortes fiscales para los ricos por encima de todo. [Krugman, negritas añadidas]

Y aquí lo tenéis, directamente del interfecto. Y el Partido Republicano es al menos capaz de ser hipócrita sobre sus supuestos principios conservadores… porque realmente tiene una serie de principios. Por contrario, Krugman declara orgullosamente que el Partido Demócrata es una coalición de grupos de interés, sin una filosofía o visión del mundo unificadora. (Si usted es miembro del Partido Demócrata y le ofende este enunciado, por favor dese cuenta de que me limito a citar la visión que tiene Krugman de su organización).

La propuesta de borrador de memorando

A leer la la última subvención propuesta para las centrales nucleares y de carbón, no vemos muchos argumentos reales para Krugman. De hecho, excepto su comentario de pasada acerca de la administración Trump de estar “abusando de sus poderes concebidos para defender la seguridad nacional con respecto a políticas destructivas que no tienen nada que ver con la seguridad”, Krugman ni siquiera se preocupa de contar a sus lectores cuál es la justificación.

Para los que sea más curiosos que Krugman, Bloomberg ha publicado un borrador de memorial de las consideraciones detrás de la propuesta. (Evidentemente en el post actual comento los contenidos del borrador: los detalles podrían cambiar a lo largo del tiempo). La idea es que la red eléctrica nacional se está haciendo cada vez más vulnerable a ataques cibernéticos y físicos, además de la amenaza constante de los desastres naturales. En este contexto, argumenta el memorando, proporcionan los recursos más resistentes para recuperar y hacer funcionar la red, porque incluso las centrales de gas natural tienen que confiar en miles de millas de tuberías que podrían interrumpirse.

A la vista del enfado referido al trágico destino de los portorriqueños tras el huracán María, no es raro que la administración Trump se preocupe por la seguridad de la red eléctrica. (En ese sentido, Krugman se apresuró a culpar a “Trumpie” por un brote de cólera antes de retractarse diciendo que la afirmación no tenía base).

Que quede claro: especialmente como asunto de principios y sin establecer un precedente, no estoy de acuerdo con la política de obligar a los servicios públicos a comprar electricidad de centrales, y ya sean eólicas, solares, nucleares o de carbón, ni si la justificación es reducir las emisiones de CO2 o aumentar la resistencia. Pero en lo que se refiere al debate sobre cambio climático, yo al menos trato el caso real desde el otro lado, mientras que Krugman no puede ni siquiera a preocuparse por hacer eso la situación actual.

En un mercado verdaderamente libre, podríamos dejar a los expertos del sector privado evaluar los riesgos de terrorismo y otras amenazas y decidir si (por ejemplo) el ahorro normal de coste de una fuente de energía menos resistente supera a la mayor vulnerabilidad. No hay ninguna razón por la que los cargos públicos puedan juzgar mejor que los inversores con su propio dinero en juego.

Sin embargo, hay un gigantesco asterisco sobre este superficial argumento, que hace de la conclusión política no sea un caso sencillo: No tenemos un mercado libre la energía. En particular, supongamos que hubiera un ataque que interrumpiera las tuberías de gas natural, de tal forma que solo hubiera disponibles centrales nucleares y de carbón para hacerse cargo de la tarea. (La eólica y la solar siguen sin estar listas para las horas punta). En un mercado libre, la drástica reducción de suministro de electricidad llevaría a un enorme aumento del precio. Así que aquellos inversores que hubieran “subvencionado” las centrales nucleares y de carbón desde hace tiempo se verían recompensados por su previsión y consciencia de los riesgos y obtendrían mayores beneficios hasta que en la infraestructura energética pudiera repararse.

Pero no es así como se desarrollarían las cosas bajo nuestro sistema actual, en el que los servicios públicos están enormemente regulados. En particular, tras el ataque, los reguladores no dejarían que las centrales energéticas operativas aumentaran el precio de la electricidad: habría gente (incluyendo el Partido Demócrata y Paul Krugman) que se pondría loca por ese aumento de precios.

Y aun así vemos que los métodos habituales con los que un verdadero mercado libre gestionaría todas estas contingencias (eludiendo así la necesidad de una subvención federal) se verían obstaculizados por la regulación pública preexistente. Repito, mi postura es que es una vía muy peligrosa a seguir, si se quiere justificar mayor intervención pública debido a una intervención pública previa, pero estoy señalando que la situación es mucho más matizada que el sencillo cuento de corrupción de Krugman. Y reitero, todo este episodio, si demuestra algo, es los muchos principios que tiene el “movimiento conservador” comparado con la visión de las cosas de Krugman.

Publicado originalmente en el Institute for Energy Research.

Robert P. Murphy is a Senior Fellow with the Mises Institute and Research Assistant Professor with the Free Market Institute at Texas Tech University. He is the author of many books including Choice: Cooperation, Enterprise, and Human Action (Independent Institute, 2015) which is a modern distillation of the essentials of Mises's thought for the layperson. Murphy is co-host, with Tom Woods, of the popular podcast Contra Krugman, which is a weekly refutation of Paul Krugman's New York Times column.

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